…y qué tiene que ver tu Sistema Nervioso con el estrés y la calma.
En esta entrada del blog vamos a descubrir qué es la Terapia Polivagal y cómo funciona tu Sistema Nervioso. Nuestro cuerpo tiene su propio sistema de comunicación interna: una red que conecta cerebro, corazón, pulmones y vísceras, y que decide —sin que nos demos cuenta— si nos sentimos en calma o en alerta. Es el Sistema Nervioso Autónomo (SNA), y entender cómo funciona es la clave para comprender por qué a veces reaccionamos con ansiedad, bloqueo o cansancio… y cómo podemos recuperar el equilibrio. La terapia polivagal se basa en la teoría desarrollada por Stephen Porges, (Se comprobó su eficacia por primera vez cuando la aplicó en terapia la psicóloga clínica Déborah Dana, estrecha colaboradora de Stephen) que explica cómo el nervio vago regula nuestras respuestas de seguridad, estrés o desconexión. A través del trabajo corporal, esta terapia ayuda al sistema nervioso a salir del modo “supervivencia” y volver al modo “seguridad”. En otras palabras: enseña al cuerpo a sentirse a salvo.
Qué es el Sistema Nervioso Autónomo (SNA).
El SNA es una red que trabaja de forma automática: regula nuestra respiración, el ritmo cardíaco, la digestión, la temperatura… esta red llega a todos los rincones de nuestro cuerpo y envuelve órganos y vísceras, controlando todo aquello que no podemos controlar conscientemente.
Podríamos decir que es la directora de orquesta de nuestro cuerpo emocional: equilibra cuándo activarnos, cuándo relajarnos y cómo hacerlo.
El SNA tiene dos grandes ramas:
- El sistema simpático, que nos prepara para la acción, para “luchar o huir”. Es el que se activa cuando sentimos peligro, estrés o presión, preparando nuestros músculos, acelerando nuestro corazón, haciéndonos sudar mas…
- El sistema parasimpático, que nos permite descansar, digerir, realizar buenas conexiones neuronales para el aprendizaje y la conexión social, disfrutar, tener una menstruación sana, recuperarnos, tener orgasmos intensos (entre muchísimas mas cosas)… Y este es el estado en el que deberíamos estar la mayor parte del tiempo, todo nuestro sistema esta preparado para funcionar así.
Hasta aquí, todo bien. Pero la realidad humana es más compleja que ese simple “on/off” entre acción y reposo. Ahí es donde entra la teoría polivagal.
La teoría polivagal: una mirada más humana al cuerpo
El neurocientífico Stephen Porges descubrió que dentro del sistema parasimpático hay dos ramas diferentes del nervio vago —uno de los nervios más largos y poderosos del cuerpo y que se llama así porque «vaga», llegando a todas partes—, y que cada una tiene un papel clave en cómo nos sentimos y reaccionamos.
Stephen Porges confirmó que vivimos principalmente en tres posibles estados:
Rama ventral del nervio vago: es el estado de seguridad y conexión. Nos sentimos en calma, presentes, capaces de comunicarnos y disfrutar.
Rama simpática: el estado de lucha o huida. Nuestro cuerpo se activa: el corazón late rápido, la respiración se acelera, sentimos tensión o ansiedad. Necesario para reaccionar a amenazas del entorno.
Rama dorsal del nervio vago: el estado de colapso o desconexión. Cuando la amenaza parece imposible de afrontar, el cuerpo, como sistema de defensa, se paraliza: sentimos apatía, cansancio extremo o una especie de “no estoy aquí”.
Vamos cambiando entre estos estados, necesarios todos según qué sucede en nuestro entorno, a lo largo del día a través de un sistema denominado freno vagal. El problema surge cuando este freno vagal no funciona bien, haciendo que el sistema nervioso se quede atascado en uno de ellos —por ejemplo, en la hiperactivación o en el bloqueo— sin saber cómo volver al modo seguro (vago ventral).
Cuando el sistema nervioso se desregula.
Una infancia con estrés, un trauma, una etapa de sobrecarga o un entorno exigente pueden afectar a nuestro sistema nervioso, entorpeciendo un buen funcionamiento del freno vagal. A veces no nos damos cuenta, pero vivimos desde la alarma incluso cuando aparentemente todo va bien.
Esto puede manifestarse como:
- Ansiedad crónica, dificultad para relajarte.
- Problemas digestivos, de sueño, de fertilidad, anorgasmia.
- Bloqueo emocional, sensación de “no sentir nada”, anedonia social y/o física, disociación.
- Fatiga crónica, falta de motivación, hipersensibilidad al entorno.
Y no, no es falta de fuerza de voluntad ni debilidad. Es una respuesta fisiológica que el cuerpo ha aprendido para protegerte(se). Solo que, ese sistema de defensa se ha quedado bloqueado y te está fastidiando la vida.
Cómo ayuda la terapia polivagal
La terapia polivagal trabaja directamente con el cuerpo, con las conexiones neuronales y con el sistema nervioso, en lugar de hacerlo solo desde el pensamiento o la palabra. Por eso digo siempre que racionalizar a través de la palabra es importantísimo, pero que, si no hay un trabajo corporal, la terapia se queda coja.
A través de ejercicios corporales muy sencillos, trabajaremos memorias no racionales, lo vegetativo y haremos un recableado neuronal. Reproduciremos situaciones de diferentes etapa de tu desarrollo infantil en las que tuviste que reaccionar sin protección, que te hicieron «acorazarte», y en un entorno de seguridad enseñaremos al sistema nervioso a volver al estado ventral, donde puede sentirse seguro, presente y conectado.
Con el tiempo, esto se traduce en una sensación de calma más profunda, mayor capacidad para disfrutar, relaciones más seguras y una energía vital más estable.
No se trata de “controlar” las emociones racionalizándolas, sino de reentrenar al cuerpo para confiar de nuevo yendo a la raíz, a las memorias vegetativas.
Reconectar contigo misma: el verdadero sentido de la terapia polivagal
Al final, todo esto va de reconciliarnos con lo más simple y, a la vez, lo que tenemos más olvidado (por machacado a través del entorno): nuestro cuerpo sabe.
No necesita que lo forcemos, ni que lo callemos; necesita que lo escuchemos.
Que le demos tiempo, espacio y seguridad para recordar que ya no hay peligro.
Cuando aprendemos a leer sus señales, cuando dejamos de pelear con lo que sentimos y empezamos a acompañarlo, algo se recoloca. Desde lo más físico (la respiración se suaviza, el pulso se calma…) hasta lo más social (empezamos a poner límites con contundencia, nos priorizamos con más facilidad…).
Notamos que aparece una sensación nueva —aunque en realidad siempre ha estado ahí, pero dormida—: la de estar vivas, completas, en paz. Como dice Laura Perales Bermejo (mi maestra en la técnica de la terapia polivagal): es descubrir la diferencia entre vivir y sobrevivir.
Porque, aunque el mundo insista en lo contrario, no estamos hechas para sobrevivir con estrés crónico.
Estamos hechas para el placer, no para el estrés.
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Y recuerda… si decides trabajar lo corporal conmigo, acompañaré tu proceso con el cuidado que me caracteriza. Cada persona para mi es única y voy a acogerte con todo mi respeto, siempre desde la no revictimización, la no culpabilización, y la empatía. Lo haremos juntas.
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